20220601

Películas con mensajes esenciales (1) - Chocolate

 


 

Nota: este post contiene anticipaciones de la trama

 

 

   Esta película del director sueco Lasse Hallstrom, quien siempre filma historias que transmiten mensajes, tiene un lenguaje narrativo parecido al de un cuento. Transcurre en un pequeño pueblo francés,  cuyo alcalde es un conde de antigua prosapia y muchos prejuicios, que dirige el pueblo de un modo paternalista y autoritario, lo cual incluye corregirle los sermones al joven  sacerdote del lugar. 

   La acción comienza en el invierno de 1959, durante el período de cuaresma. Mientras todo el pueblo está en la iglesia, llega una forastera algo nómada llamada Vianne (Juliette Binoche), con su pequeña hija,  para alquilar un local con vivienda: una pastelería que ella convertirá en chocolatería. Muy pronto recibe la visita del alcalde, para quien la recién llegada se muestra como una rebelde e inmoral madre soltera. Y así se plantea el conflicto central, el antagonismo entre el muy tradicionalista alcalde, para quien abrir una chocolatería (que para colmo de males está ubicada a dos pasos de la iglesia) en tiempo de cuaresma es pecado y Vianne, mujer joven y desprejuiciada.

   Vianne es algo hechicera (lo cual aprendió de su madre indígena, quien fabricaba remedios ancestrales con el cacao) y sus delicias de chocolate, variadas y tentadoras, crean ciertos efectos sanos y vitales  en los consumidores.  Y así Vianne comienza a intervenir en la vida de algunas personas, ayudándolas a resolver conflictos, como a Armande (Judi Dench), la dueña del local  y a Josephine (Lena Olin), una joven mujer a quien su marido maltrata, y que termina viviendo en la chocolatería y aprendiendo a trabajar con el chocolate. 

   Entonces llegan al pueblo, en sus pequeños barcos, un grupo de gente joven bastante informal, artesanos y músicos, entre los cuales se encuentra  Roux  (Johnny Deep).  El alcalde desaprueba la visita de esos jóvenes y cubre las paredes del pueblo con un anuncio en contra de ellos, difamándolos y sugiriendo que no se los reciba en ningún lugar. Pero Vianne y Roux se hacen amigos y ella anuncia un festival del chocolate para el domingo de Pascua. 

   El abandonado marido de Josephine, al verla divertirse en una fiesta en el barco de Roux, avisa al alcalde,  quien pronuncia unas palabras imprudentes. Y cuando la fiesta ha terminado, algunos duermen y Vianne y Roux tienen su primer encuentro amoroso, el violento marido prende fuego al barco. Por suerte nadie muere, pero  Vianne (que ha temido por la vida de su hijita) queda desmoralizada y decide irse del pueblo. Sin embargo, los intentos de Vianne para irse reciben la oposición de su hijita y de Josephine, quien convoca a los pocos amigos y amigas de Vianne para que la ayuden en los preparativos del festival. En una emotiva escena, Vianne (que vivía con alguna contradicción su perpetuo nomadismo) descubre que ahora tiene un lugar para quedarse y amigos que la ayudan.

   Al saber que con sus imprudentes palabras fue en alguna medida promotor del incendio, el alcalde se siente contrariado, lo cual no impide que vaya por la noche a la chocolatería, entre a la cocina por una ventana y empiece a destrozar todo lo que puede. Pero llevado por el mismo frenesí que lo impulsó a destruir, se tienta y comienza a comer chocolate y a reír histéricamente, aunque termina llorando como un niño. Al amanecer el cura pasa por delante de la chocolatería y ve en la vidriera al alcalde,  que se quedó dormido entre los restos de chocolate.  El alcalde le pide disculpas a Vianne, quien promete no contárselo a nadie.

   Ya en la iglesia, el joven sacerdote  da al fin un sermón que no ha corregido el alcalde y que brota de su corazón. Es un sermón  muy hermoso y sin duda uno de los mensajes centrales del film. Les dice a sus feligreses que no quiere hablar de los milagros de Jesús o de sus transformaciones o de su Divinidad, sino de su parte humana, de cómo vivió Él su vida aquí en la tierra, de su bondad y su tolerancia. Las palabras del sacerdote son una invitación a no excluir a los demás, a ser más buenos y tolerantes, y son edificantes e iluminadoras no sólo para los feligreses que asisten a la misa, sino también para los espectadores del film.

   Y llega al fin el domingo de Pascua. Toda la gente del pueblo está  disfrutando del festival. Hay música, danza, alegría y mucho chocolate.  El alcalde también participa de la fiesta y parece otra persona: entre él y Vianne hay un intercambio de sonrisas.

   Y termina la historia con la llegada del verano y de una nueva barca, que trae a Roux,  quien  ha regresado para reencontrarse con  Vianne.

  Esta conmovedora película es una clara invitación al amor y la amistad, a la bondad y la tolerancia, y como en otras películas de este gran director, el conflicto, el odio, el rigor y la intransigencia, se resuelven en el perdón, la conciliación, la armonía y la paz entre los personajes.

 

 


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