Nota: este
post contiene anticipaciones de la trama
Esta película del director sueco Lasse
Hallstrom, quien siempre filma historias que transmiten mensajes, tiene un
lenguaje narrativo parecido al de un cuento. Transcurre en un pequeño pueblo
francés, cuyo alcalde es un conde de
antigua prosapia y muchos prejuicios, que dirige el pueblo de un modo
paternalista y autoritario, lo cual incluye corregirle los sermones al
joven sacerdote del lugar.
La acción comienza en el invierno de 1959,
durante el período de cuaresma. Mientras todo el pueblo está en la iglesia,
llega una forastera algo nómada llamada Vianne (Juliette Binoche), con su
pequeña hija, para alquilar un local con
vivienda: una pastelería que ella convertirá en chocolatería. Muy pronto recibe
la visita del alcalde, para quien la recién llegada se muestra como una rebelde
e inmoral madre soltera. Y así se plantea el conflicto central, el antagonismo
entre el muy tradicionalista alcalde, para quien abrir una chocolatería (que
para colmo de males está ubicada a dos pasos de la iglesia) en tiempo de
cuaresma es pecado y Vianne, mujer joven y desprejuiciada.
Vianne es algo hechicera (lo cual aprendió
de su madre indígena, quien fabricaba remedios ancestrales con el cacao) y sus
delicias de chocolate, variadas y tentadoras, crean ciertos efectos —sanos y vitales— en los
consumidores. Y así Vianne comienza a
intervenir en la vida de algunas personas, ayudándolas a resolver conflictos,
como a Armande (Judi Dench), la dueña del local
y a Josephine (Lena Olin), una joven mujer a quien su marido maltrata, y
que termina viviendo en la chocolatería y aprendiendo a trabajar con el
chocolate.
Entonces llegan al pueblo, en sus pequeños
barcos, un grupo de gente joven bastante informal, artesanos y músicos, entre
los cuales se encuentra Roux (Johnny Deep). El alcalde desaprueba la visita de esos
jóvenes y cubre las paredes del pueblo con un anuncio en contra de ellos,
difamándolos y sugiriendo que no se los reciba en ningún lugar. Pero Vianne y
Roux se hacen amigos y ella anuncia un festival del chocolate para el domingo
de Pascua.
El abandonado marido de Josephine, al verla
divertirse en una fiesta en el barco de Roux, avisa al alcalde, quien pronuncia unas palabras imprudentes. Y
cuando la fiesta ha terminado, algunos duermen y Vianne y Roux tienen su primer
encuentro amoroso, el violento marido prende fuego al barco. Por suerte nadie
muere, pero Vianne (que ha temido por la
vida de su hijita) queda desmoralizada y decide irse del pueblo. Sin embargo,
los intentos de Vianne para irse reciben la oposición de su hijita y de Josephine,
quien convoca a los pocos amigos y amigas de Vianne para que la ayuden en los
preparativos del festival. En una emotiva escena, Vianne (que vivía con alguna
contradicción su perpetuo nomadismo) descubre que ahora tiene un lugar para
quedarse y amigos que la ayudan.
Al saber que con sus imprudentes palabras
fue en alguna medida promotor del incendio, el alcalde se siente contrariado,
lo cual no impide que vaya por la noche a la chocolatería, entre a la cocina
por una ventana y empiece a destrozar todo lo que puede. Pero llevado por el
mismo frenesí que lo impulsó a destruir, se tienta y comienza a comer chocolate
y a reír histéricamente, aunque termina llorando como un niño. Al amanecer el
cura pasa por delante de la chocolatería y ve en la vidriera al alcalde, que se quedó dormido entre los restos de
chocolate. El alcalde le pide disculpas
a Vianne, quien promete no contárselo a nadie.
Ya en
la iglesia, el joven sacerdote da al fin
un sermón que no ha corregido el alcalde y que brota de su corazón. Es un
sermón muy hermoso y sin duda uno de los
mensajes centrales del film. Les dice a sus feligreses que no quiere hablar de
los milagros de Jesús o de sus transformaciones o de su Divinidad, sino de su parte
humana, de cómo vivió Él su vida aquí en la tierra, de su bondad y su
tolerancia. Las palabras del sacerdote son una invitación a no excluir a los
demás, a ser más buenos y tolerantes, y son edificantes e iluminadoras no sólo
para los feligreses que asisten a la misa, sino también para los espectadores
del film.
Y llega al fin el domingo de Pascua. Toda la
gente del pueblo está disfrutando del
festival. Hay música, danza, alegría y mucho chocolate. El alcalde también participa de la fiesta y
parece otra persona: entre él y Vianne hay un intercambio de sonrisas.
Y termina la historia con la llegada del
verano y de una nueva barca, que trae a Roux,
quien ha regresado para
reencontrarse con Vianne.
Esta conmovedora película es una clara
invitación al amor y la amistad, a la bondad y la tolerancia, y como en otras
películas de este gran director, el conflicto, el odio, el rigor y la
intransigencia, se resuelven en el perdón, la conciliación, la armonía y la paz
entre los personajes.
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